Donde el silencio reina

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#personal#historia

Solo han habido muy pocas ocasiones donde el silencio reina en la ciudad durante un domingo por la tarde. No es cualquier ciudad, es una de las tres más grandes que tiene México: Guadalajara.

Las veces que no hay ruido en la calle es en Navidad y en Año Nuevo, y eso por que muchas familias festejan desde la noche anterior y terminan en la madrugada, seguramente con una resaca.

Pero esta vez ha sido extraordinario por que no tenemos ninguna celebración en particular. Esta vez, el miedo acompaña el silencio.

No quiero comentar el porqué de esta situación que está aterrando a toda la ciudad y alrededores, hay muchos medios hablando de esto y seguramente lo pueden explicar mejor que yo. Pero sí, es sobre un cartel y el gobierno.

Soy un afortunado por tener un día relativamente tranquilo. Los domingos por la mañana acostumbramos desayunar en familia en casa de mis papás después de ir a la iglesia. Mis papás tienen el hábito de ir al mercado para comprar frutas y verduras después del desayuno.

Mientras ellos estaban allá en el mercado, comienzo a ver en los grupos de Whatsapp un montón de noticias sobre la captura de un capo y sobre las consecuencias que han ocurrido tras este acto: avenidas principales bloqueadas por vehículos incendiados, tiendas de conveniencia incendiadas y enfrentamientos armados entre el cártel y policías.

A los minutos recibo una llamada de mis papás diciéndome que los habían desviado de su ruta de regreso, no sabíamos el porqué en ese momento (una gasolinera estaba en llamas). La incertidumbre suele ser bastante incómoda.

Gracias a Dios llegaron a salvo a casa y con las compras hechas. Vimos en las noticias que se activó el código rojo en toda la ciudad, que es una especie de toque de queda y todos debemos estar en nuestras casas para evitar alguna tragedia. Primera vez en más de 30 años que veo que se activa este protocolo en la ciudad. Recuerdo haberlo visto hace más de un año en la ciudad de Culiacán, Sinaloa.

Al ver esta indicación gubernamental, tuve que ir a mi casa para resguardarme. Lo bueno que vivo cerca de con mis padres y no me tomó mucho tiempo en llegar. Mi hermana, que es enfermera recibió la indicación del hospital donde trabaja de que no fuera a laborar. Aparentemente estábamos tranquilos.

Una vez en mi casa, comencé a leer mensajes de que todas las tiendas habían cerrado, el transporte público se encontraba suspendido y las calles de la ciudad estaban desiertas. Comencé a escuchar cercanamente las sirenas de bomberos, ambulancias y policías. Y después de una hora reinaba el silencio.

Muchas personas que estaban fuera de casa, tuvieron que esperar horas a que se tranquilizara la situación. La vida y la muerte era como arrojar una moneda al aire.

Actualmente mi familia y mis amigos se encuentran bien. Han ocurrido pérdidas materiales de algunos civiles que tuvieron la mala suerte de ser despojados de sus vehículos o comercios y algunas bajas entre fuerzas armadas y el cártel. No sabemos si esto durará días, o meses como en Culiacán. Esto es parte de nuestra realidad.