Martín Morales

La IA me hizo sentir culpable

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En este último par de meses, la implementación del proyecto de Disney ha sido “impulsada” mediante el uso de la IA en todas las fases del desarrollo de producto.

Dentro de las actividades, nos dieron la encomienda de revisar las épicas de las features y verificar si los criterios de aceptación han sido satisfechos y cubiertos dentro del código que hemos implementado.

Al principio solo era dar instrucciones a la IA y ella comenzaba a comparar la épica con el código. Sin embargo, tuve la idea de ir más allá y desarrollé una skill (habilidad) para automatizar de alguna forma estas revisiones y así obtener un reporte como entregable. El proceso era algo parecido a esto:

  1. Analizar la épica (feature), incluyendo descripción, criterios de aceptación, historias de usuario, bugs y comentarios. Usando un MCP conectado a Jira.
  2. Leer el código base e identificar lo encontrado en Jira y relacionarlo con clases, funciones y variables.
  3. Detectar discrepancias entre el código y los criterios de aceptación; esto genera una tabla con los riesgos encontrados e incluye sugerencias para cubrirlos.
  4. Generar tests unitarios para “blindar” el comportamiento de la feature.
  5. Crear una estrategia de tests manuales y verificar que los casos de uso funcionen correctamente en modo de checklist. Esto lo tiene que hacer el desarrollador (es algo parecido a lo que hacen las personas de QA).
  6. Generar un reporte donde se señalen los riesgos dentro de las features, con bloques de código de posibles soluciones, código de los tests unitarios, el checklist del test manual y conclusiones.

Desafortunadamente el líder técnico se dio cuenta del potencial de esta skill para usarse en todos los equipos. Tuve una videollamada con él y le expliqué cómo funcionaba y cómo usarlo. La conversación se fue al lado moralista y dedujimos que esto nos ayudaría mucho a asegurar que la feature funcione correctamente. Sin embargo, esto podría reemplazar el flujo de QA y posiblemente a una persona.

Este pequeño proceso escaló hacia los arquitectos de software y directivos, quienes dieron luz verde para usarse en todos los equipos. Sentí una sensación extraña, como esperando a que alguna mala noticia significativa no tardara en anunciarse.

Un par de semanas después nos enteramos de que habría un recorte considerablemente grande en el proyecto —nunca nos confirmaron si tenía relación directa con la skill, pero en mi cabeza las fechas cuadraban demasiado bien—, entre ellos desarrolladores, managers y los testers de QA (incluyendo a la líder). Aquí me sentí culpable de lo que hice, no totalmente, pero sí sentía que yo tenía gran culpa de este recorte.

Hablando sobre esto con el psicólogo, le mencioné que me sentía como un verdugo y culpable de lo sucedido. Desde su perspectiva me dijo que sí tenía una pequeña responsabilidad de esto. Sin embargo, mi papel fue el de preparar y afilar el hacha. Se podría decir que los arquitectos junto con los directivos fueron los jueces que dieron la orden de ejecución. Y el líder técnico fue el verdugo, el ejecutor.

Esa analogía me dio un gran alivio y me ayudó a ver más allá de la culpa que me había autogenerado por lo sucedido. Si yo me hubiese negado a hacer este trabajo, seguramente alguien más lo haría y mi cabeza sería la que rodaría dentro de ese gran despido.

He leído algunos comentarios de que el estado actual de la IA no reemplaza a los trabajadores, pero por lo que acabo de vivir creo que sí está dando pasos fuertes.